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La historia del sexo anal. Pecado? Tabu? Que recomiendan los doctores? Enterate en desakatoradio 18+

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miércoles, 03 agosto 2016
Farandula

Hablar sobre sexo anal es un tabú. Freud decía que el pudor, la repugnancia y la moral, se oponen a los instintos sexuales. Como no se le ve utilidad al sexo anal, hemos decidido culturalmente que debemos relegarlo al olvido, a sólo decirlo entre voces, a intentar ocultarlo de los demás, llamarle sucio y asqueroso cuando en algún momento fue una de las prácticas más comunes de las sociedades.

Por dos mil años decir “sexo anal” fue y es sinónimo de depravación y condena, porque con el auge de la religión cristiana, en la que hombres y mujeres tenían relaciones sexuales para la supervivencia de la especie, se convirtió en una sucia pasión que no tenía ningún objetivo mas que la carnalidad.

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Aquellos que consideren que el sexo anal es solamente para homosexuales, están muy equivocados, en realidad, desde la antigüedad  había sido practicado por diferentes culturas tanto hombres y mujeres, en relaciones heterosexuales y también, pero no principalmente, homosexuales.

En los orígenes de la civilización, muchas veces durante los periodos menstruales, las parejas preferían tener sexo anal. Las piezas de cerámica peruana muestran producciones en las que el erotismo aparece con penetraciones en orificios que no son lo que imaginamos.

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En Grecia era común la homosexualidad y también era bastante normal que los más jóvenes fueran amantes de hombres mayores, quienes debían procurar una vida adecuada tanto en educación, como política, científica y moral de su protegido. Evidentemente eran los mayores quienes penetraban a los jóvenes, porque una relación con un hombre de la misma edad significaría deshonra, con la connotación de ser intelectualmente inferior o inexperto.

En Roma, emperadores como Marco Antonio o Augusto César tenían amantes masculinos, pero cuando el Oscurantismo llegó a Europa, la vida cambió por completo. Dejó de ser importante el amor por el cuerpo, por la perfección y la belleza de la naturaleza para concentrarse en la religión.

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Homosexualidad y cualquier fetiche debían ser considerados pecados y ya que el sexo anal no permite la reproducción, debería ser condenado. En el siglo VI d.C. el Imperio Romano prohibió la homosexualidad por influencia religiosa, la Iglesia regulaba la frecuencia con la que un matrimonio debía tener sexo: las familias no podían hacerlo cuarenta días antes de Navidad, ocho días después a Pentecostés, los miércoles, viernes, domingos, las fiestas religiosas, los días de ayuno, cinco días antes de la Comunión y uno después. Las leyes eran severas y de no acatarlas, el poder de la Iglesia era tanto que podías terminar en prisión.

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El dicho famoso de que los pactos con el demonio se sellaban con coito anal o beso en las nalgas, comenzó a circular por toda Europa, y aunque el Renacimiento llevó consigo un gran avance a la ciencia y un modo de vida más humano, el dicho permaneció. Sin embargo, el “pecado de tener relaciones por el lugar prohibido” dejó de ser castigado tan severamente, muchos lo utilizaban como método para conservar la virginidad y evitar embarazos. Autores como el Marqués de Sade, Bocaccio, Petronio o Chauser lo describieron en diferentes obras y así dejó de verse como antinatural para convertirse en un juego erótico.

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En la actualidad, como dijimos, aún es un tabú, pero en diferentes regiones el sexo anal es una práctica común. Brasil es uno de esos sitios en los que los jóvenes deciden esta práctica para evitar embarazos no deseados. Con los movimientos políticos y sociales de los años 60, los dogmas religiosos dejaron de imponer un modo de vida a la sociedad para que todos los países promulgaran un amor mucho más libre, sin reglas, estereotipos ni límites tan marcados como antes; sin embargo, cuando el SIDA apareció, las relaciones anales otra vez se estereotiparon: la única solución era tener relaciones con condón o sólo con tu pareja estable, no tan diferente a lo que debería suceder con las relaciones sexuales vaginales seguras.

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Según el  “Journal of Sexual Medicine“, al menos el 20% de las mujeres entre 18 y 19 años han experimentado este tipo de relación al menos una vez en su vida, mientras que el 40% de entre 20 y 24 años admitieron haber sido convencidas por sus novios para probarlo. En cuanto a los hombres, el 11% de entre 20 y 24 años ha sido penetrado cuando en 1992 sólo el 2% de ellos aceptaron algo parecido. ¿Tú lo aceptarías?

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Durante el sexo anal (también llamado pedicación o sodomía), el pene del macho se introduce en el ano y comúnmente también en el recto de su pareja, sea ésta macho o hembra. Se conoce la existencia de esta práctica entre primates y caninos, además de en seres humanos. Es posible también que una mujer penetre analmente a un hombre o a una mujer por medio de una prótesis, que comúnmente va sujeta a su pubis por medio de un arnés.
Condenada por la mayoría de las religiones, el sexo anal ha sido considerado tabú en muchos países occidentales. Durante siglos, muchos novios la han utilizado para tener relaciones sexuales sin riesgo a producir embarazos no deseados y para mantener la virginidad de la joven. Hoy en día el sexo anal está considerado una de las prácticas sexuales más extendidas también en las parejas heterosexuales. Reviste el carácter de “vencer la última barrera”.

Hay que considerar también que la sexualidad humana tiene fines más amplios que el meramente reproductivo, y en este sentido, en tanto que esta práctica también puede considerarse un juego sexual, tiene también pleno sentido biológico.

Actualmente, el sexo anal está considerado una de las prácticas sexuales más extendidas en parejas homosexuales y también heterosexuales. Diversos estudios revelan que, hoy en día, mujeres y hombres confiesan disfrutar del sexo anal. Aproximadamente el 40% de las parejas heterosexuales lo han intentado al menos una vez y, según atendamos a unos u otros estudios, entre el 10 y el 20% de parejas lo practican con regularidad.

Sexo anal seguro e higiene

La mucosa rectal es frágil y sensible a las infecciones por virus y bacterias. La mucosa absorbe las sustancias depositadas en el recto, fenómeno aprovechado para la administración de medicamentos como es el caso de los supositorios. Esta capacidad de absorción puede ser aumentada involuntariamente mediante una penetración brutal, que puede provocar pequeñas microheridas y ocasionar hasta hemorragias. Por tanto, es un terreno propicio para la propagación de ETS (enfermedades de transmisión sexual), ya sean virales como el VIH (virus de inmunodeficiencia humano), el papiloma humano (PBH), todos los tipos de hepatitis (a excepción de la hepatitis A) los herpes genitales; de causa bacteriana como la gonorrea, la sifilis y otras, incluso en el caso de que no haya eyaculación. SIEMPRE debe usarse preservativo para el sexo analEn consecuencia siempre se aconseja la práctica del sexo anal utilizando un preservativo. Siempre se recomienda que, el sexo anal se efectúe después de toda felación y —sobre todo— después de la penetración vaginal para evitar infecciones generalizadas a partir de los gérmenes que puedan encontrarse en el ano y recto. La higiene es importante para una buena salud del ano y para la práctica del sexo anal. El lavado con jabón neutro y agua guardarán el ano limpio. El lavado debe hacerse con suavidad. También es importante que el papel usado diariamente no sea abrasivo. No debe practicarse un coito vaginal, luego del sexo por el ano, sin el lavado a fondo del pene, con suficiente agua y jabón. Se evitarán de esta manera posibles infecciones en los genitales femeninos por bacterias de la flora del recto.

Daño físico

El daños físico al recto y al ano puede manifestarse como trauma ano rectal, hemorroides, fisuras anales y prolapso rectal. Una insuficiente cantidad de lubricante puede hacerlo especialmente doloroso y lesionante. El daño es mas probable si la relacion se realiza forzadamente o de manera agresiva, si existe poca comunicación o desacuerdo en la pareja, o si la sensibilidad ha sido alterada por drogas , alcohol u otros narcíticos.

Se ha reportado tambien incontinencia como resultado de perdida de tono del esfinter anal. Sin embargo un estudio de 1997 en American Journal of Gastroenterology no encontró diferencia en los niveles de incontinencia entre hombres homosexuales que practucaban sexo anal y hombres heterosexuales que no lo hacían,y criticó un estudio previo de 1993 publicado en Journal of the Royal Society of Medicine que había encontrado que catorce de una muestra de cuarenta hombres que practicaban sexo anal experimentaban incontinencia incluyendo la inclusión de flatos en la definicion de incontinencia.[1][2]

Lubricación Contrariamente a la vulva y la vagina, el ano y el recto no segregan lubricación natural que facilite la relación sexual. Tampoco estos músculos tienen una elasticidad que les permitan dilatarse naturalmente. Por ello, la penetración anal debe ser practicada con sumo cuidado, para evitar la propensión existente a los desgarros y fisuras anales. Por este motivo, cuando se practica sexo anal, debe usarse siempre usarse algún lubricante para facilitar la penetración, la mejor opción es recurrir a lubricantes artificiales de base acuosa. Es conveniente que el lubricante se aplique en el pene, en el ano y en cualquier objeto que se vaya a introducir en el mismo. Los de base oleosa es mejor evitarlos porque pueden dañar el látex del preservativo y la piel. Por motivos de higiene siempre es recomendable el uso de preservativo, incluso en la penetración con objetos. La aplicación del lubricante debe conllevar parte de excitación sensorial; en este sentido puede ser conveniente introducirle los dedos impregnados con lubricante con suavidad, lo que ayudaría a dilatar y relajar el ano de la persona que va a ser penetrada, y reduciría significamente la sensación de dolor inicial de la penetración.

Relajación del músculo del ano y dilatación del esfínter Como normalmente el músculo del ano (esfínter anal) se encuentra cerrado, el sexo anal podría ser doloroso si previamente no se tiene la precaución de distender este músculo (una buena manera sería la realización de juegos sexuales). Se recomienda dilatar o «ablandar» el esfínter anal previamente con lubricante acuoso e introduciendo lentamente un dedo en el ano, moviéndolo suavemente para luego ir engrosando con otro y otro y llegar a producir una expansión progresiva del músculo. Además puede resultar útil el empleo de un dilatador anal o consolador, generalmente de forma cónica, aunque puede haber otras variantes como bolitas unidas que cada vez tienen un tamaño más grande. El principio es el mismo: jugar con el ano para que éste se acostumbre a tener algo dentro y se relaje.

Inicio de la penetración Para reducir las sensaciones de dolor es importante realizar la inserción del pene o del objeto de manera paulatina, lo que permitirá que se produzca una dilatación y adaptación gradual de los músculos. En ocasiones ayuda empujar ligeramente el objeto introducido como si se estuviera defecando para que la dilatación sea más rápida. En un primer momento quizás puede suponer extraño realizar este gesto cuando no se está defecando, pero ello no producirá ninguna expulsión inesperada o indeseada de la materia fecal, por lo que se puede empujar sin miedo.

Placer en la fase de penetración La penetración anal exige generalmente la elección de un ángulo apropiado, pues el ano es más apretado y menos flexible que la vagina. Usualmente la persona penetrada complementa el coito anal con la masturbación, lo que contribuye a una multiplicación del placer y a relajarle la musculatura anal, con la consecuente facilitación y mejoramiento de la penetración anal. Por otra parte, las terminaciones nerviosas excitables en la zona ano-rectal son centenares de veces más numerosas que en la vagina (en el coito vaginal la condensación neural se restringe al clítoris y, eventualmente al llamado «punto G»; así —si no existen fobias— la penetración anal puede llegar a ser más placentera para la mujer. En el momento en el que la pareja «pasiva» (la persona penetrada) logra el orgasmo, contrae fuertemente la musculatura anal provocando una fuerte presión sobre el amante activo lo que le facilita a éste el orgasmo.

El placer procurado por el coito anal no sólo deriva de las sensaciones físicas, sino también de las subjetivas («romper un tabú» por ejemplo) y de una reminiscencia de la fase o estado anal (según el psicoanálisis).

La masturbación anal es la autoestimulación enfocada en el área del ano. Los métodos más comunes para la masturbación anal incluyen la inserción de uno o más dedos, algún tipo de juguete sexual, e incluso elementos no específicos. De todos ellos el sistema más común suele ser el uso de los dedos. Es importante, para no sentir dolor la persona penetrada y no dañar sus paredes rectales, que las uñas estén bien cortas. La masturbación anal puede aplicarse en hombres y mujeres de cualquier orientación sexual, ya que el ano contiene numerosas terminaciones nerviosas que pueden ser estimuladas. En los hombres, la masturbación anal es especialmente placentera ya que delante del recto se encuentra la próstata, que también contiene terminaciones nerviosas. Existen, además, en el mercado algunos juguetes sexuales cuyo objetivo es la estimulación de la próstata. En las mujeres, la inserción de un objeto en el interior del ano puede estimular directamente la vagina. La estimulacón anal puede, tanto en hombre como en mujeres, intensificar notoriamente el orgasmo. El uso de enemas, por razones de higiene, suele ser el paso previo a la masturbación anal, pero también puede ser una forma de masturbación en sí misma: es lo que se conoce como clismafilia. Sin embargo, se debe tener en cuenta que el abuso de enemas puede llevar con frecuencia a una dependencia física para el correcto funcionamiento del intestino.

Técnicas para favorecer el orgasmoLa estimulación simultanea del clítoris y de la vagina en la mujer puede favorecer el orgasmo, lo que se puede lograr mediante la combinación de la penetración con la masturbación manual o con consoladores. Asimismo este placer se puede obtener en sexo en grupo mediante la ayuda de una tercera persona, bien mediante sexo oral o incluso con la práctica de una doble penetración vagino-anal. Otra posible combinación en pareja es introducir un consolador en el ano y penetrar a la pareja vaginalmente o practicarle un cunnilingus simultáneamente. El ano contiene gran cantidad de terminaciones nerviosas que al ser estimuladas ocasionan placer, estas terminaciones nerviosas siguen en gran medida la misma vía anatómica que las del clítoris. En el hombre, además, la penetración anal puede estimular la próstata, obteniendo orgasmos más intensos.

Posturas más frecuentes para la práctica del sexo anal Así como la lubricación y la relajación del esfínter son esenciales para iniciar un buen sexo anal es conveniente elegir una postura apropiada. Es importante que la persona penetrada elija la postura que pueda facilitar una perforación más suave. Existen multitud de posturas. Señalamos a continuación algunas de las más frecuentes.

El back swinging (lit. «zarandeo de espalda«)El receptor/-a se encuentra tumbado boca abajo y la persona que penetra en la parte superior. La penetración es menos profunda, pero el ritmo lo controla la persona que penetra, lo que unido a la fuerte presión que ejerce el ano sobre el glande puede provocar un orgasmo intenso.

Posición perritoPostura del perrito o «a cuatro patas» Es una de las más conocidas, especialmentre entre homosexuales. La persona que va a ser penetrada, se apoya con sus rodillas y brazos en una posición alta (generalmente en una cama). Cuanto más agache su espalda, más deja a descubierto su ano. La persona que penetra puede estar situada también de rodillas en la cama, o bien de pie fuera de ella. En cualquiera de esos dos casos, es el activo quien lleva el control y ritmo de la penetración, aunque el pasivo puede jugar con los testículos de su pareja. En esta postura, el ano de la persona penetrada tiende a estrecharse, por lo que la penetración puede llegar a ser dolorosa. A diferencia de la penetración vaginal, la denominada postura del perrito requiere generalmente que el pene esté en una posición más elevada. Si quien penetra lo hace de pie, el amante penetrado puede abrir sus piernas. En ese caso se logra una penetración más profunda, pero la postura es algo más complicada, teniendo en cuenta que hace falta algo más de apoyo para hacer la presión suficiente para penetrar. Es interesante que la cama sea firme o incluso que la persona penetrada tenga la posibilidad de agarrarse a algo, por ejemplo en el cabecero o el pie de la cama.

La persona penetrada sentada sobre el hombreSentada encima su pareja Bien de cara al amante, bien de espaldas a él, en este segundo caso la estimulación visual proviene de observar el trasero penetrado mientras que la ventaja de hacerlo de cara es ver la expresión de la otra persona, poder besarla en los labios, mejillas, cuello, tocarle y olerle los cabellos y, en caso de ser mujer, como se ven y se mueven sus senos; además éstos rozan con el cuerpo del hombre. La penetración que permite es muy profunda y la ventaja que tiene es que la persona penetrada tiene control de los movimientos pudiendo regular tanto el ritmo como la profundidad de la penetración. Suele ser una postura poco dolorosa, por lo que a veces puede resultar interesante comenzar por ella para adaptar los músculos del recto al tamaño del pene.

De costadoCon las dos personas tumbadas de costado En este caso la profundidad de la penetración es mucho menor y existe el riesgo de que el pene se «escape» en varias ocasiones del recto de su pareja. En cambio, es una postura muy sensitiva y con mucho contacto físico entre los dos compañeros. Permite además a la persona que penetra jugar con los genitales de su pareja.

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